Eugenio Montale (1896-1981) #Escritores #Poesía

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Nació en Génova en 1896, en el seno de una familia que comerciaba con productos químicos. Pasó la infancia y juventud entre su ciudad natal y Monterosso al Mare, en las Cinque Terre Ligures. Durante la Gran Guerra combatió en el Trentino.  Hizo amistad,  en Génova,  con Camillo Sbarbaro y otros escritores de la región. Empezó a colaborar en la prensa como crítico de literatura italiana y extranjera. En 1927 comenzó a trabajar en Florencia para la editorial Bemporad.  En 1929 fue nombrado director del Gabinetto Scientifico Letterario Vieuseux de esta última ciudad, cargo del que fue despedido en 1948 debido a sus actitudes antifascistas. Una intensa actividad periodística le llevó a ser redactor y corresponsal del diario milanés Corriere della sera. En 1967 fue nombrado senador vitalicio y en 1975 se le concedió el premio Nobel de Literatura. Tradujo a Jorge Guillén, T.S. Eliot, Cervantes, Shakespeare, Corneille, Hawthorne, Melville y a otros autores antiguos y contemporáneos. Murió en Milán en 1981.

Publicó los libros de poesía titulados Ossi di seppia (1925), La casa dei doganieri e altri versi (1932), Le Occasioni (1939), Finisterre (1941), Quaderno di traduzione (1948), La bufera e altro (1956), Xenia (1966), Satura (1971), Diario del ’71 e del ’72 (1974), Quaderno di quattro anni (1977), y Tutte le poesie (1977),. Publicó en prosa,  entre otros libros,  Farfalla di Dinard (1960), Auto da fè.  Chronique in due tempi (1966), Fuori di casa (1969), en el que cuenta sus no siempre buenas impresiones sobre España,  y Sulla poesia (1976).

Los limones

Escúchame, los poetas laureados
se mueven solamente entre plantas
de nombres poco usados: bojes ligustros o acantos. Yo prefiero los caminos que desembocan en los herbazales
zanjas donde en charcos medio secos agarran los muchachos alguna extenuada anguila: los senderos que siguen los ribazos, descienden entre los penachos de las cañas y penetran en los huertos, entre los árboles de los limones.

Mejor si la algazara de los pájaros se apaga engullida por el azul: más claro se oye el susurro de las ramas amigas en el aire que casi no se mueve, y las impresiones de este olor que no sabe desatarse de la tierra y llueve en el pecho una dulzura inquieta. Aquí las diversas pasiones de la guerra por milagro callan,
aquí también a nosotros pobres nos toca nuestra parte de riqueza y es el olor de los limones.

Mira, en estos silencios en los cuales las cosas se abandonan y parecen dispuestas
a traicionar su último secreto, a veces se espera descubrir un error de la Naturaleza, el punto muerto del mundo, el anillo que no aguanta, el hilo desenredado que finalmente nos coloque
en medio de una verdad. La mirada escudriña alrededor, la mente indaga acuerda desune en el perfume que inunda cuando más languidece el día.
Son los silencios en los que se ve en cada sombra humana que se aleja alguna turbada Divinidad.

Pero falta la ilusión y nos alcanza el tiempo en las ciudades rumorosas donde el azul se muestra sólo a pedazos, en lo alto, entre los cimacios. La lluvia fatiga la tierra, después; se agolpa el tedio del invierno sobre las casas, la luz se vuelve avara—amarga el alma. Cuando un día por un mal cerrado portal entre los árboles de un patio aparece el amarillo de los limones; y el hielo del corazón se derrite, y en el pecho bullen sus canciones las trompetas de oro de la solidaridad.

Un poeta

Poco hilo me queda, pero espero hallar el modo de dedicarle al próximo tirano
mis pobres cármenes. No medirá que me corte las venas como Nerón a Lucano. Querrá una loa espontánea que brote de un corazón agradecido y la tendrá en abundancia. Asimismo podré dejar huella perdurable. En poesía lo que cuenta no es el contenido sino la Forma.

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Sinopsis: Huesos de sepia (la ópera prima donde aparece el paisaje de su infancia en Liguria: el mar, la luz del mediodía…), Las ocasiones, obra introspectiva y llena de recuerdos, y La tormenta y algo más componen una primera etapa intensa líricamente a la que siguen títulos más divagantes y ocurrentes como Satura, Diario del ’71 y del ’72, Cuaderno de cuatro años y Otros versos. El volumen se cierra con su Diario póstumo. Imprescindible. 

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