“El Duende” (Cuentos Para La Ternura) de María Gallardo #Cuentosdidácticos

EL DUENDE

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Esta historia ocurrió realmente y debes creer en ella ó de lo contrario no tendrá sentido que te la cuente. Ten en cuenta que también podría haberte sucedido a ti así que presta muchísima atención.

Erase que se era una vez, hace mucho tiempo, un niño, hijo único, lo que le hacía inmensamente feliz porque sus padres se desvivían por él y de este modo andaban las cosas cuando cierto día, el cartero se apareció en el hogar de la familia con un sospechoso paquete entre los brazos envuelto en papel de regalo. Nadie sabía de dónde provenía pues no aparecía ningún remitente pero lo que sí que había era destinatario. ¿Adivinas quién? Pues resulta que el más pequeño de la casa. Sorprendido, ¿verdad? Emocionado e intrigado, el niño se apresuró a desenvolver su regalo y menuda impresión se llevaron sus padres y él al encontrarse en el interior del misterioso paquete… ¡Ah! UN NIÑO.

Si, puedes creerme. Una preciosidad de criatura aunque todavía muy, muy pequeñín y con una carita tan angelical que daban ganas de comérselo a besos. La madre lo acogió en su regazo e inmediatamente empezó a llorar así que le cantó una nana para intentar tranquilizarle y he aquí que lo consiguió sin demasiado esfuerzo. Entretanto, el padre acababa de descubrir una carta dirigida, igualmente, a su queridísimo hijo, el cual permanecía en silencio, atónito ante los acontecimientos que tenían lugar a su alrededor. La carta decía lo siguiente:

“Querido niño:

Espero que al recibo de la presente, tanto tú como tus padres se encuentren en perfecto estado de salud. Nosotros también, gracias.

Supongo que te estarás preguntando quién es él y que hace en vuestra casa. Es muy sencillo. Ahora, quizá pienses que no lo necesitas pero con el tiempo cambiaras de opinión. No tengo ninguna duda, al respecto. No tiene nombre. Tendrás que dárselo tú pero si puedo decirte que esa delicada personita es un duende. Si, un duende, has leído bien. De entre todos los que tenemos, pensamos que es el que más te conviene pero has de cuidarle con mucho esmero ó se marchitará y tú no querrás que ocurra tal cosa, ¿cierto?

Bueno, esto es todo. Ya nos despedimos. Deseamos vivamente que seas muy feliz con la compañía que hemos elegido para ti.

Saludos para todos. Adiós.

Posdata: No se admiten devoluciones.”

¡Yo no quiero un duende, papá! –Exclamó el niño, muy enfadado.

Pues tendrás que acostumbrarte porque no podemos devolverlo –Respondió el padre.

El niño cogió una pataleta de las que no se olvidan fácilmente porque de repente, tenía que compartir a su familia con un extraño. ¡UN DUENDE! ¡QUE ESTUPIDEZ! Los duendes no existen. Era muy realista este pequeñajo caprichoso.

Bueno, pasaron algunos meses y el duende fue creciendo. Era un ser muy dulce, siempre amable y muy comprensivo aunque algo callado. El niño también creció y contrariamente a su hermano postizo era muy arisco y demasiado hablador. Siempre estaba haciendo rabiar al duende pero a éste no le importaba. Nunca, hasta ese momento, hizo ningún truco de magia, no tenía un aspecto especial y en general, servía para poca cosa pero los padres del niño lo adoraban y él sentía unos celos terribles, sin motivo, por supuesto.

Pasó un año y luego otro, y ambos se fueron haciendo un poquito más mayores cada día pero eso no ayudó a mejorar la relación. Sin embargo, una tarde el chico llegó a casa del colegio muy preocupado. Se notaba que había estado llorando pero aunque sus padres lo intentaron todo para averiguar cuál era el problema, no hubo manera y entonces, en un sublime atrevimiento por su parte, el duende acudió a su lado para pedirle que le contara la causa de su disgusto y para su sorpresa, y sin que se diera cuenta, el muchacho empezó a soltar por la boca todo cuanto traía en la cabeza, cosas propias de su edad, y para cada una de esas cosas, el duende tenía una respuesta que abría de par en par la puerta a la solución más sencilla, y fue de esta forma, que aquel duende, vendió de Dios sabe dónde, hizo realidad el deseo del que consideraba su hermano mayor, entregándole una amistad verdadera como sólo se conoce una vez en la vida, enseñándole que podía confiar ciegamente en él y que, pasara lo que pasara, nunca le abandonaría. A partir de este momento, se convirtieron en amigos inseparables, uña y carne, almas gemelas y el muchacho también tuvo algo que enseñar al duende, tal como no ser tan tímido y sonreír más.

Dos cosas muy importantes para ejercer su profesión. Es lógico, ¿no te parece?

Y aquí termina mi relato pero no quiero dejar de comunicarte que, hoy por hoy, el duende y su hermano mayor siguen igual de unidos y parece que va para largo. Es magnífico, ¿no crees? Toma buena nota de todo lo aquí narrado porque los duendes son niños que viven a través de la amistad que nos entregan pero si no les correspondemos, perecen de tristeza. Recuérdalo bien porque andamos escasos de duendes.

DULCES SUEÑOS

DULCES DESPERTARES

Posdata: Al niño se le olvidó darle nombre al duende, dáselo tú,  ¿de acuerdo?

MARÍA GALLARDO

CUENTOS PARA LA TERNURA

Publicado por Sociedad de Nuevos Autores

ISBN 978-84-96104-86-0

Copyright © 2006. Todos los derechos reservados

 

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2 comentarios en ““El Duende” (Cuentos Para La Ternura) de María Gallardo #Cuentosdidácticos

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